El proceso colaborativo frente al proceso de lucha para el logro del posicionamiento personal y empresarial

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El proceso colaborativo frente al proceso de lucha para el logro del posicionamiento personal y empresarial

Crecemos en un mar de lucha para el posicionamiento personal en el que los lemas que guían la nave son frases como “la vida es dura”, “sin lucha no hay gloria”, “únicamente si luchas con verdadero esfuerzo y sacrificio lo conseguirás”. Seguimos al pie de la letra la ley del más fuerte, viviendo en la falsa creencia de que los recursos son limitados, escasos y la supervivencia depende de la fortaleza con la que luchamos para conseguirlos.

Esa visión parcial de la naturaleza basada en una observación muy simple de los diferentes grupos animales y una interpretación interesada que oculta uno de los procesos claves de las sociedades humanas y de nuestro propio cuerpo individual, que es el proceso colaborativo.

La flora intestinal formada por millones de microorganismo que en una impresionante simbiosis se nutren y se desarrollan en el interior de un cuerpo que, gracias a ellos, logra una perfecta salud y estado físico, es uno de los miles de ejemplos que demuestran que el proceso colaborativo es una de las claves de la superviviencia.

Quizá podamos pensar que cuando un león mata a una gacela hay un simple proceso de lucha, lo que no deja de ser, como ya he dicho, el resultado de un análisis simple y falto de rigor de una realidad vagamente observada. Si analizamos más profundamente y con mayor rigor la realidad debemos tener en cuenta que los leones no cazan. Son las leonas las que lo hacen mediante un complejo y coordinado proceso de colaboración (proceso colaborativo intraespecífico) que conduce a un éxito que sería imposible de intentarlo cada una de ellas por separado.

Por otra parte, la gacela que resulta ser cazada, es muy probablemente la más débil, en muchas ocasiones enferma, lo que representa una amenaza para el resto del grupo, si esa enfermedad se propaga. La desaparición de esa gacela resulta un beneficio para el rebaño, y las leonas colaboran con las gacelas, por muy cruel que pueda parecer esta afirmación en lo que se conoce como un  proceso colaborativo interespecífico.

Toda esta situación se basa en el ORDEN de las relaciones cooperativas y que conduce al equilibrio del ECOSISTEMA, algo que se respeta absolutamente por todos los seres vivos, con la única excepción del organismo vivo más devastador de la naturaleza: El ser humano.

El capitalismo de la década de los años 80, personalizado en Ronald Reagan y Margaret Thacher (conocida como la “Dama de Hierro”) se radicalizó más si cabe por este concepto de “Lucha” pero en el que advertimos que la propia competitividad de las empresas ocultaba de la vista un proceso colaborativo solayado, basado en el llamado “Estado del Bienestar” por el que los patronos cuidaban de sus trabajadores garantizándoles unos ingresos con los que podían comprar los productos y servicios, que sus empresas u otras, comercializaban en un mercado abierto, alqo que no deja de ser un proceso colaborativo que mantiene el ORDEN, en este caso CAPITALISTA.

Con la llegada del Neoliberalismo ese sentido de lucha alcanzó su máximo exponente, provocando un gran desorden social y siendo la mecha que encendió las crisis de los 90 y de los primeros años del 2000 cuando ese proceso colaborativo del estado del bienestar se ve amenazado por el recorte brutal de las prestaciones a los trabajadores buscando una rentabilidad que provocó la falta de poder adquisitivo entre la masa trabajadora y consumista de los productos comercializados por esas mismas empresas y otras muchas que recortaban las prestaciones en pos de una rentabilidad muy utópica. Esa situación es el caldo de cultivo ideal para el descontento, el miedo y el aumento del sentimiento de lucha y competitividad.

Mientras escribo este artículo, en 2018, nos encontramos con dos realidades sociales muy diferenciadas y marcadas:

  • Empresas que se guían por los viejos patrones y que cada vez ejercen mayor presión sobre la masa trabajadora para lograr un coste de producción lo más bajo posible y sin ninguna preocupación por el medio ambiente o las cuestiones de bienestar social. El resultado es un desequilibrio social brutal, la desaparición de la sostenibilidad, el agotamiento de los recursos del planeta y un empobrecimiento económico y social. Muchas de ellas ya son empresas Zombies, las que están muertas pero todavía no se han dado cuenta.
  • Empresas que invierten en procesos transformadores, innovadores y que realizan un gran esfuerzo en formación, en el desarrollo de una responsabilidad social corporativa y en el desarrollo del talento y creatividad de sus trabajadores, al tiempo que favorecen su crecimiento personal. Empresas que se nutren de los recursos de modo responsable y que se esfuerzan en generar también recursos. Muchas de ellas son empresas crisálida, que tras un proceso de transformación y metamorfosis se alejan de las empresa zombies y de los modelos empresariales obsoletos y caducos.

A principios de 2016, de la mano de Addeco, ve la luz un informe sobre Responsabilidad Social Corporativa que demuestra que el 63% de los consumidores españoles estaría dispuesto a penalizar a las empresas no responsables socialmente y un 50% de consumidores estarían dispuestos a no adquirir sus productos o servicios. Un 13% estaría dispuesto a mostrar su malestar con estas empresas en la red y medios sociales.

A nivel humano podemos concluir que, al igual que las empresas, hay dos grandes grupos. Por un lado los que defienden esa competitividad brutal y lucha titánica para sobrevivir y aquellas dispuestas a crecer personal y profesionalmente que han desarrollado una conciencia hacia lo que consumen y hacia sus estilos de vida. Los segundos conforman un mercado más fiel, comprometido y con un poder adquisitivo mayor, que está en claro crecimiento. Su día a día se desarrolla entre conceptos de agradecimiento y un proceso colaborativo permanente.

Con esta nueva y emergente realidad queda claro el presente y el futuro de la empresa. Reforzar su identidad con valores sociales a través del proceso colaborativo y cooperativo que genere productos y servicios de mayor conciencia. Y así adquirir visibilidad  y confianza, que son el motor principal de crecimiento y abundancia para toda organización que se precie a día de hoy.

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